Talentoso. Talentoso, talentoso y talentoso, se decía cada
mañana al despertar. Se lo decía por la falta de talento, por la falta de
intelecto. Cada cosa que le salía bien, ¡talentoso!, cada cosa que le salía
mal, ¡talentoso!. ¡Talentoso, talentoso, talentoso! En cada noche vespertina,
cada despedida del sol, él se miraba en el espejo. Se miraba sin verse, viendo
a otra persona, y a esta otra era que susurraba: talentoso, talentoso,
talentoso.