¿Quién vive en una colmena después de todo? ¡Es de
estúpidos! A la espera del picotazo, con el peligro en la punta de la lengua,
adrenalina en las venas. El infierno sobre su cabeza, el cielo en el cielo y él
en el subsuelo, perteneciendo al ritmo de la vida sin participar en esta. Oiría
el zumbido de sus pensamientos, el zumbido de sus movimientos, el zumbido de su
venenoso aguijón. Sería una tontería vivir allí, sería arriesgado, peligroso.
Viviendo con ellas sin pertenecerles, siendo su víctima pero con un respeto.
Cuando el sol se ocultara ¿quién lo protegería? Estaría solo en el mundo,
esperando impaciente el golpe final. Por la mañana amanecería caído, muerto
posiblemente, sin sangre en las inmediaciones y el miedo en los ojos. Pero
nadie atribuiría el crimen a las abejas, al fin y al cabo son solo abejas, un
suicidio como otro. ¿Quién viviría bajo una colmena? Sería estúpido e inmaduro.