¿Quién va a luchar por ti después de todo?


Pequeña, admítelo, nunca fuimos lo que debíamos ser, pero a quién parecía importarle eso. Nos adelantábamos a los acontecimientos o a veces estos llegaban tarde, no podíamos controlarlo, o no queríamos. Cruzaba cualquier puente colgante para rescatarte, princesa, escalaba por tu melena cada noche para estar junto a ti; al fin y al cabo de las noches siempre fuimos los dioses. Por la mañana estaré contigo, confía en ello, pero será otro sol el que brille en nuestros cuerpos, solías decirme pensando que no entendía el significado. ¿Recuerdas? No te engañes, la llama que sentíamos era débil y a poco que se agitara se apagaría, no podíamos luchara contra aquello, pero a quién parecía importarle. Sería un error arrepentirse de aquello, después de todo pero no me dejas con el corazón partido, nunca mereciste la pena.
Solía hablarte de cuando era joven, de cuando te esperaba sentado sin saber quién eras. Te contaba todo lo que pensaba, y después lo pensaba. Te pedí que fueras paciente, que si no te quería no era por miedo. Te pedí que fueras consciente, solo una palabra tuya me hubiera hecho arder en los infiernos. Te pedí que fueras valiente. Fuimos amigos, amantes, enemigos. En distinto orden, pero pareció no importarnos en el momento. Nunca te dejé caer, fuiste tú la única culpable de tirarte. ¿Quién va a luchar por ti, después de todo?
Por la mañana estaré contigo, confía en ello, pero será otro sol el que brille en nuestros cuerpos. Nunca volveré a luchar contra dragones por ti, no volveré a perderme en tus oscuros pensamientos, no volveré a mirarte. No mereces la pena.