Para el amor que nunca tuve y ahora parece derrumbarse, para aquel que nunca estuvo conmigo y hoy en día me falta:
¿A quién parece importarle morir cuando aún no se ha nacido?
Desde un pantano de fango en octubre, hace tiempo que veo al fauno correr de una esquina a otra, como en busca de algo pero sin objetivo. La tierra parece comerme, igual que en su día me dio la vida. Me cuesta parar de reír por la extraña situación en que me veo, ayer mismo era domingo, ropa fuera y botella en mano pero eso parece ya no bastarte, decides que quieres cambiar y lanzarte a la aventura. Te sientes fuera de lugar, antinatural y enteramente jodido. La lluvia sobre tus mejillas parecen alertarte del peligro, pero a quién le importa el peligro, eres un ángel en busca de la guardia. Sientes el suelo duro bajo tus pies, tu caminar decidido la única brújula que indica el camino. Sales sabiendo lo que te vas a encontrar y no te sorprende.
Me sigo riendo solo como estoy, el pantano ha devorado mis piernas enteras y parece entretenerse con mi barriga abultada. El fauno corre sin prisas de una esquina a otra.
Solía sonreír con la lluvia, saltar al ritmo de los rayos. No le tengo miedo al futuro. Mis manos ya palpan la tierra mojada. La serpiente se me acerca y me mira a los ojos, parece ser adulta sin haber crecido aún, parece querer hablarme y sin embargo no tengo tiempo de escuchar lo que me tiene que decir. Seré una fábula en poco tiempo, en el tiempo que tarde en bajar mi cabeza al pantano. El fauno ya no corre, ha encontrado su destino y se dirige a él.