¡Si hasta tiene
bigote!- aclamaban los chicos del pueblo.
No era esta la
burla que se espera parecer, era un adjetivo sin más, una cualificación no
positiva ni negativa, no resuelta, algo neutro. Era la sinfonía con la que se
despertaba el pueblo entero y la balada con la que dormía, algo fácil para
tatarear en cualquier situación cotidiana, pero difícil de olvidar.
Los chicos de la ciudad en cierto modo siempre
habían estado celosos de ella. Aquellos chicos fríos que apenas una pelusilla
tenían sobre su labio se contentaban con bailar por las calles de la ciudad al
canto de ‘’ ¡Si hasta tiene bigote!’’.
Simplemente era algo que llevaban en su mente y dejaban salir sin pensar en
ello, una música que apenas podían mantener dentro. Mas no solo por su bello,
aquella chica desde pequeña había despertado pasiones,pasiones intermedias, aquello ni eran celos ni era odio. Musa de tantos apelativos, diosa de tantas risas, aquella chiquilla iluminaba una habitación con solo su presencia.
Era esta una
chica poco común, pero no diferente. Era sincera como pocas, grácil como
muchas, pecosa como pocas pero menuda como muchas. No podías apreciar ninguna
diferencia entre ella y las demás chicas del pueblo, pero, querido amigo,
habrías perdido el juicio si pensaras que era como las demás. No alcanzaba esta
chica a tener un sexto sentido, pero sin duda su séptimo era uno de sus más
refinados. Era astuta como el zorro, veloz como la liebre y extraña como el
cuervo. La más vulgar y la más dispar. Mas era cierto que tenía abundante y
oscuro vello bajo su nariz. Debo decir que aquella chica, ¡tenías hasta
bigote!